Category Archives: Criando

Lecciones de solidaridad: aprender a recibir ayuda

solidaridad

Esta mañana, luego de dejar mis hijos en el colegio me bajé a dejar algunas donaciones que llevaba en mi carro y que se están recolectando para ayudar a las familias afectadas por el huracán Harvey que acaba de pasar por Houston. Muchas familias del colegio de mis hijos todavía tienen sus casas inundadas, perdieron sus posesiones, sus carros y viven en una incertidumbre porque no saben cuándo podrán reponerse de este duro golpe. Sin embargo el colegio ha sido espejo de lo que ha sucedido en toda la ciudad: muestras avasallantes de voluntariado, ayuda y solidaridad.

Por un lado está el dolor de quienes padecen las pérdidas y por otro el deseo de apoyo de quienes están en mejores condiciones. Ambas posiciones representan un reto y una gran oportunidad de aprendizaje.

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Reflexiones de una mamá al dejar a sus hijos en el colegio

Vuelta a clases 2017

Se acabaron las vacaciones y los Pirulingos volvieron al colegio, hace una semana para ser exactos y no había escrito esto porque precisamente llevo toda la semana asimilando el regreso a clases… siempre me cuesta, siempre me agarra por sorpresa, parece que nunca me acostumbro.

Claro que los últimos días de vacaciones con la casa regada a más no poder, las ideas y planes un poco agotados, la cocinadera y recogedera apoderándose de mi paciencia; pensé más de una vez que qué bueno que pronto comenzaban las clases, que volvería la rutina y recobraría  un poco de sanidad mental y algo de tiempo y productividad.

Siempre llega el día y me confirma que el caos de las mañanas puede más que cualquier desorden. Que la rutina no es mi mejor amiga y nunca logro que mis hijos duerman las horas que recomiendan los expertos en los cuadros de sueño por edad. Que a veces no importa si me despierto más temprano, igual me gana la mañana, las mil instrucciones para lograr entrar en el tiempo cronometrado y que hace falta tener una reserva de paciencia inagotable para no apurar a Eugenia que todo lo hace a su ritmo y su ritmo es de vals cuando yo necesito un merengue a esa hora de la mañana.

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Maternidad: de colores, grises y blanco y negro

Los colores de la maternidad

 

Hoy no me siento una buena mamá. Hoy ni siquiera me siento una buena persona porque sencillamente no me siento bien para nada. Me duele todo el cuerpo, estornudo cada 15 seg, me cuesta tener los ojos abiertos y son las 4pm y no me he quitado la pijama. Estoy enferma con Cristobal enfermo y con Eugenia que acaba de salir del mismo Virus que nos ha atacado maléficamente uno a uno sin piedad. Llevo muchas noches sin dormir bien, cuidando cabecitas con fiebre, cantando canciones a media noche y dando medicinas de madrugada. Y entonces me tocó también a mí y me enfrento a la paradoja más grande de la maternidad, porque ser mamá es entregarte al cuidado de otros pero a veces llegan estas situaciones que te plantan en la cara la realidad que también tienes que cuidar de ti misma y ni que te sientas mal tendrás opción de un break.

La maternida esta llena de colores y en general nuestros hijos nos muestran esa gama de tonalidades y ese arcoiris de emociones: sus vidas, sus risas, sus palabras, verlos crecer, sus demostraciones de afecto… Esa es la maternidad colorida que soñamos y vivimos y que nos ayuda a seguir adelante.

La maternidad esta llena de grises, una escala larga de tonos sin color representada en los momentos difíciles en los que no sabemos qué hacer, que la culpa o la duda nos ganan la batalla, cuando perdemos la paciencia, cuando gritamos demasiado, cuando olvidamos reírnos de ellos y de nosotras mismas, cuando no dejamos pasar una travesura y que en vez de un regaño, nos saque una sonrisa. Los momentos grises de la maternidad se cuelan entre los colores, se filtran en nuestro día a día y generalmente la lucha de la mamás es ese eterno intento de volverlos momentos de color, superarlos integrándolos al arcoiris.

Y la maternidad tiene espacios en blanco y negro y oscuridad total también. Y yo hoy echada en mi cama sintiendo que cada hueso y cada músculo de mi cuerpo me dolía y aún así teniendo que atender comidas y necesidades de Ashio y Eugenia, teniendo que tomar regularmente la temperatura de Cristobal, pegándomelo al pecho más que frecuentemente y dándole extra de amor por SU malestar, me di cuenta que muchas veces la oscuridad en la maternidad llega cuando nos enfrentamos a la realidad de que no somos prioridad, de que nos debemos a los hijos por encima de nosotras, que cuando ellos nos necesitan de maneras impostergables debemos dejar pasar incluso nuestros malestares, nuestros dolores, nuestras necesidades. No existe un break, no podemos escapar de esa realidad porque ellos dependen de nosotras y nosotras los amamos tanto que estamos dispuestas, pero en el camino perdemos el color.

Y lo escribo sabiendo que lo mío es un Virus que pasará, que cuento con Andres que incluso vino a almorzar para ayudarme un poco y que esto que padezco no es nada grave… No me estoy quejando pero me ha hecho pensar en las situaciones que si son graves y las mamás que las padecen.

A veces la cuarentena y el cóctel hormonal del postparto nos deja en la oscuridad, a veces el insomnio y dar de comer al bebé 5 veces en la noche nos deja en la oscuridad, a veces soñar con la lactancia sin entender sus sacrificios nos deja en la oscuridad,  a veces no poder balancear trabajo y familia nos deja en la oscuridad, a veces las criticas de otros y la culpa que sentimos nos dejan en la oscuridad. A veces olvidamos que con la maternidad todo cambia y tenemos expectativas irreales que cuando se contrastan con la realidad de entrega y sacrificio, nos dejan en la oscuridad.

Y en la oscuridad nos cuesta apreciar los colores, no los vemos, no los podemos disfrutar. Y hoy pienso que de repente la salida está en nosotras y está en ellos, en saber que no siempre puede haber color pero disfrutar el arcoiris cada vez que lo encontremos. En atesorar los momentos rojos, verdes y amarillos que nos regalan nuestros hijos diariamente y guardarnos un poquito en el bolsillo. En transitar  los grises sin remordimiento, tratando de aprender de sus matices y cuando estemos en negro, cerrar los ojos, respirar profundo y buscar la luz, la que escarbamos de otro momento de color o la que viene de abrir nuevas ventanas; la que nos permita poner todo en perspectiva y volver encontrar el color, la alegría y la ilusión.

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Razones para mandar a mi hijo a Camp La Llanada Tx

Razones para enviar a mi hijo al campamento La Llanada Tx

 

En Venezuela yo crecí yendo a Campamentos, fui a varios diferentes y en diferentes regiones del país, por una, dos o 3 semanas. Fui con todos mis hermanos o solo los 3 más pequeños y todas las experiencias las recuerdo con muchísimo cariño, conocí gente muy especial y aprendi muchísimo sin darme cuenta porque aprendí mientras jugaba y me reía.

Ayer Andres Ignacio comenzó su primer campamento sleep away, donde va a pasar las próximas 2 semanas y ver el campamento desde el punto de vista de la mamá es bien distinto y me ha hecho pensar y revivir y hoy les quiero contar por qué me decidí a mandar a mi hijo de 7 años por 2 semanas a un campamento.

Ashio se fue al Camp La Llanada Texas. Es un campamento fundado por venezolanos que tienen un campamento establecido y maravilloso en el Llano venezolano, que lo extendieron hace varios años a Florida y que desde el año pasado para nuestra suerte también decidieron instalarse en Texas, a casi una hora de Dallas.

Es un campamento en español y ya eso significa mucho porque una experiencia de inmersión en el idioma siempre es la mejor manera de afianzarlo, ganar vocabulario y crear momentos felices alrededor de esa lengua… recordar juegos, canciones, dichos, frases y conversas felices en las semanas de campamento y que sean en español eleva el aprendizaje del idioma y lo lleva al plano emocional donde cobra mayor importancia.

Ashio se fue con 3 amigos y eso le alivió el proceso porque aunque sabía que hará muchos amigos nuevos, irse con sus amigos hizo que la ansiedad de la llegada y adaptación fuera mínima. Y la verdad a mi compartir el proceso con 3 amigas también me bajó la ansiedad.

La idea de 2 semanas llenas de naturaleza, actividades, juegos, deportes, canciones en un ambiente de campo se ganaron el corazón de mi hijo que a pesar de los miedos naturales de separarse por primera vez de su familia estaba emocionadisimo por todas esas aventuras. Ayudó mucho repasar la página web del camp que tiene muchos recursos para que conozcan las actividades, día modelo y hasta el menu y así sepan mejor a lo que se van a enfrentar.

Ashio tiene la edad mínima para ir al camp, aceptan niños y niñas desde 7 años y aunque si es pequeño yo siento que precisamente una experiencia así a esta edad bien llevada puede ser un propulsor de su independencia y la confianza en sus capacidades.

Cuesta soltar, atacan miedos y vienen pensamientos de lo que podría pasar por no estar con su familia, pero yo me enfoqué en todo lo maravilloso que puede ser precisamente ganar un espacio de independencia. Finalmente es una de las cosas más duras de la maternidad, ir soltando el control sobre nuestros pequeños, pero toca hacerlo y es super importante.

La decisión la tomamos hace tiempo y eso nos ayudó a prepararnos mentalmente poco a poco y a que el impacto del costo fuese menor (aprovechando descuentos por inscribirnos con anticipación). Desde hace tiempo Ashio bañándose solo comentaba que así lo tendría que hacer en el camp o cortándose su comida con cuchillo y tenedor igualmente que tenía que hacerlo bien para estar listo para el camp.

Pero lo más importante para tomar la decisión es confiar en la institución a la que estoy mandando a mi hijo: la trayectoria y experiencia que tienen y también los valores que promueven como solidaridad, amistad, compañerismo, sana competencia y trabajo en equipo. La crianza de nuestros hijos es una labor conjunta de muchas personas que influyen sobre ellos: familia, maestros, amigos, y también estas experiencias que los hacen crecer, resolver, conocerse mejor y llenarse de experiencias lindas y memorables.

Y para que lo escuchen de su propia voz, Ashio quiso grabar un video contando cómo fue la preparación y expectativa antes de irse a La Llanada Tx. Él mismo dice que al regresar les va a contar cómo le fue… así que estén pendientes!

Ashio tiene una meta que es convencer a más a amigos para que vayan el año que viene, y por supuesto llevarse a su hermana que según él mismo dice siempre tiene ventaja porque conoce todo mejor porque él lo vivió primero y le da todo los tips! 🙂

Durante estas 2 semanas les iré mostrando un poco cómo le va a través de las fotos que nos manden del camp.

Yo ya lo extraño pero estoy feliz y orgullosa de mi Pirulingo mayor que de verdad verdad se me está poniendo muy grande… y a mi me encanta lo que veo en él y en la persona que se está convirtiendo!

Razones para enviar a mi hijo al campamento La Llanada Tx

Pd: Si alguien se anima, todavía está a tiempo de inscribirse en la tercera temporada de 3 semanas o la tercera plus que es una semana. Vayan a la página web y encontrarán toda la información.

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El dilema de las vacaciones o cómo sobrevivir con tus hijos pegados a ti todo el santo día

vacaciones con niños en casa

 

Yo soy de las mamás que cuenta los días para que lleguen las vacaciones. Los últimos días de colegio me mantengo firme solo porque veo cerca la imagen de mañanas sin corredera para ir al colegio y sin tener que maniobrar frenéticamente diferentes tareas en tiempo récord y repetir como retahíla lo que necesito que Ashio y Eugenia vayan haciendo para poder llegar a tiempo.

Claro que las vacaciones llegan con mañanas menos apuradas pero con su cuota de retos diarios, como mantener a los hijos ocupados sin demasiada televisión, ni demasiado iPad… Gestionar el aburrimiento y programarles actividades, todo eso mientras pretendo mantener mi trabajo que es desde casa y que aunque flexible requiere tiempo que si normalmente escasea, en vacaciones simplemente brilla por su ausencia.

Pero igual me encanta que lleguen estos días largos, me encanta la sensación de libertad que nos regalan, poder salir con mis 3 monitos encaramados a pasear, a comer helados, a la piscina o a montar bicicleta. Me canso mucho, me desespero a veces, pero termino suspirando segura que son mis días favoritos, segura que son los que más extrañaré cuando se acaben.

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