viaje-LA-criandoando

Ya ni sabía lo que se sentía, no encontraba referencia cercana a esa sensación de libertad. Me faltaban peroles guindando, me sobraba tiempo para ver tiendas o comer sin interrupciones.

Por primera vez desde que soy mamá (5 años y medio) viajé sola: sin Pirulingos y sin Andres.

Ya lo había hecho en pareja con Andres, dejando a los Pirulingos en 2 ocasiones con Puli, mi mamá, pero es que la experiencia de aeropuerto con Andres es una de llegar muy temprano, revisar incansablemente que los pasaportes estén a la mano, no hablar de más ni de menos frente a ningún funcionario, ir a revisar la situación en la puerta de embarque antes de siquiera pensar en tomarnos algo para estar seguros que no hay novedad, ver las pantallas a cada momento chequeando el vuelo y el tiempo… Y esa manera de ser de él probablemente ha sido muy útil para estar siempre a tiempo y nunca perder un vuelo o quedarnos sin espacio para el carry on, pero yo soy un poco más despreocupada así que la libertad plena que sentí el jueves pasado me tomó por sorpresa, tanto, que tuvo que pararse frente a mí y presentarse de nuevo porque de verdad no la reconocía, y eso que yo soy muy buena reconociendo caras familiares!

Es que en estos años de maternidad sí hemos viajado muchas veces, todos juntos o yo sola con los Pirulingos porque esto de vivir lejos de la familia te obliga a desplazarte en busca de momentos de reunión que no tienen precio. Hace 2 años, luego de 3 trayectos muy seguidos de viajar por 5 horas sola con Andres Ignacio y Eugenia, de 2 años y 6 meses respectivamente, escribí sobre la experiencia y al leerla aún me saca sonrisas… Y aunque han crecido y viajar con ellos ya no significa cambio de pañales ni portabebé para tener las manos libres; son muchas las cosas que diferenciaron mi viaje de aquellos en que mis hijos van conmigo.

  • Un carry on con toda mi ropa de 4 días y mi cartera al hombro. ¡Y ya! ¡nada más! Tenía una mano libre y la cartera ni siquiera pesaba demasiado porque todo lo pesado iba en la maleta. Y tener una mano libre significa poder sacar el teléfono si suena, buscar tranquilamente el boarding pass cuando lo solicitan los oficiales de seguridad y acomodarme los lentes sin tener que soltar algo (o alguien) para hacerlo.
  • Pasar por seguridad ¡sin hablar con nadie! Porque no hubo Pirulingos que le sonrieran a los oficiales o les buscaran conversación. Y tampoco hubo diferentes líquidos en diversas versiones de vasos, termos y sippycups que debían ser verificados uno a uno.
  • Pasar por seguridad al mejor estilo de George Clooney en la película “Up in the air” maximizando la eficiencia y el tiempo. No precisamente por viajar tan frecuentemente, sino porque después de estar acostumbrada a montar 17 cosas diferentes en la correa transportadora (bandeja con zapatos, chaquetas, sweaters de los Pirulingos, maleta de juguetes, coche, bandeja aparte con las bebidas, etc) usar sólo una bandeja para mis zapatos y cartera se sentía como hacerlo todo en tiempo récord.
  • Darte cuenta de tiendas que no habías visto, estampados de las alfombras de los que no te habías percatado, esculturas u adornos que habían pasado desapercibidos porque tus sentidos estaban en un estado de alerta sin tener que dividirse o ser interrumpidos para arrear o perseguir algún Pirulingo.
  • Fijarte en cada mamá o papá con hijos y sonreírles con toda la empatía que tienes guardada y darte cuenta que pasar por la correa transportadora o las escaleras mecánicas no es una aventura en sí misma si no estoy con mis chiquitines.
  • Recuperar la ventana. La que siempre fue mía y ahora es de Andres Ignacio. Apoyarme en ella y ver las nubes sin descanso o interrumpiendo la contemplación para ¡leer! ¡un libro! ¡completo!
  • Y por último mi favorita: dormir. Porque así como los carros, lo aviones me arrullan y me hacen dormir, y aunque llegue a ser incómodo lo disfruté muchísimo porque lo sentí como un lujo, un regalo y un privilegio.

El problema fue que el libro que llevé fue “La gente feliz lee y toma café”, una historia sobre una mujer que debe reconstruir su vida después que en la primera página se mueran su esposo y su hija de 5 años… Aunque el libro me gustó, definitivamente no fue la mejor elección de trama para mi viaje en solitario…

Después de 2 vuelos y 3 días sin ver a mis hijos y a Andres, llegué a mi casa desesperada por verlos, abrazarlos y besarlos y confesarles que había disfrutado muchísimo mi viaje solita, pero que sin duda no había sido ni tan acontecido ni tan divertido como lo es cuando ellos van conmigo!

Pd: mi viaje fue a Los Angeles para asistir a We all Grow Summit, una conferencia de bloggers latinos de las que pronto les contaré.

Pd2: muchas vacaciones con Pirulingos!, cuando el que viaja es Andres.