Con el cumpleaños de Andres Ignacio vino la cita al pediatra para su chequeo de los 4 años.

Primera vez en el Pediatra en Houston, por lo que tocó dar toda la historia médica de los Pirulingos y gracias a Dios es una historia de Salud!

La consulta fue como muchas anteriores, la Doctora dijo y aconsejó cosas que algunas veces ya habíamos escuchado, Andres Ignacio se portó super bien, encantador y parlanchín como es él, contestando cada pregunta y diciendo repetidas veces lo grande que estaba, lo fuerte que era y lo rápido que corría. A Eugenia no le tocaba consulta, pero igual estaba acompañándonos y se quedó tranquila a mi lado observando y algunas veces opinando con su hermano.

Hubo que poner vacunas y por primera vez me atreví a anticiparle lo que venía, explicándole y dándole un fuerte abrazo y palabras de ánimo. Por primera vez el pullazo no lo sorprendió entre unos brazos que trataban de contenerlo sin saber qué pasaría, y mi chiquitín aguantó como un campeón.

La consulta fue como muchas anteriores, en un lugar nuevo, una ciudad nueva, una doctora nueva; pero como muchas anteriores. Sin embargo yo me sentí diferente.

De repente me sentí infinitamente agradecida de decir tantos no cuando me preguntaban por enfermedades precedentes, de repente pasar ilesos por un largo cuestionario sobre alergias, intervenciones u hospitalizaciones hizo más palpable la realidad que hemos vivido y que ha sido de unos Pirulingos sanos, sanitos… De repente me provocaba suspirar y mirar al cielo en eterno agradecimiento.

La salud es de esas cosas que deseamos fervientemente, sobre todo la de nuestros hijos, pero que en gran medida no podemos controlar, y esa “incertidumbre” muchas veces nos llena de miedos.

Cada vez que leo o conozco historias de padres que han atravesado enfermedades con sus hijos, me invade un sentimiento de tristeza pero sobre todo de profunda admiración, porque sólo la idea de pasar por eso pone el corazón pesado.

Esa tarde al salir de la consulta hice una oración especial, y le pedí a Dios por la salud de mis hijos y le di gracias por la que hemos gozado hasta ahora; pero con un poco de miedo, también le pedí que cuando sea necesario me llene de fuerza y valor si mis Pirulingos lo necesitan.

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El viernes en la tarde salimos a esperar a Andres más cerca de su oficina en un centro comercial y estando allí, en medio de una pataleta de Eugenia, la tomé por el brazo izquierdo y yo hice fuerza de levantarla mientras ella hacía fuerza de contenerse y se lesionó el brazo. Le dolía mucho moverlo y lloraba pidiendo una curita! Tuvimos que ir a la emergencia, donde gracias a Dios con una simple maniobra su codo volvió a moverse sin dolor.

Fue nuestra primera visita a la emergencia pediátrica. Luego el domingo nos llegó una fiebre y tos que tienen a la Tinga Tinga tumbada. Tengo 3 días en los que mis palabras escritas el viernes me resuenan como eco en la cabeza.