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Cuando a Andres le ofrecieron el traslado a Houston, una de mis principales dudas era “para cuándo?”.

Porque secretamente soñaba que la mudanza fuese en septiembre y así tener un último verano para despedirme de la ciudad, para vivir en un parque con mis pirulingos, para buscar actividades, conciertos, ferias y encontrarnos con amigos a disfrutarlas.

Nos mudamos en mayo cuando el verano apenas comenzaba a sentirse en las terrazas o las mesas en la calle en cualquier café o bar.

Pero mis deseos igual se cumplieron porque la semana pasada tuvimos nuestro pedacito de verano. Pareciera que los planetas se alinearon y pudimos emboscar a Andres en un viaje de trabajo para pasar 9 días en Nueva York, que además significa 9 días en familia!

Es increíble que sea así… es increíble que esa ciudad signifique tanto en tantas dimensiones… es increíble que pisar NYC se traduzca en hermanos, cuñadas y sobrinos… Nunca dejará de ser increíble…

Además estaba Puli (mi mamá) en funciones totales de abuela, en todo su esplendor sorteando brazos, cuentos y canciones entre sus 4 nietos neoyorkinos.

Pasamos 9 días en familia de la mano de picnics en el parque, conciertos gratis en plazas, comidas ricas en restaurantes y cafés, brunchs, puentes y carruseles al otro lado del río, amigos grandes y pequeños (de edad), coche, taxis, metro y nuestros pies que volvieron a caminar y se sintieron felices de hacerlo!

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