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Amamantando-ando: destete

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Hoy 1 de agosto se celebra el Día Mundial de la Lactancia Materna.

Yo además íntimamente celebro que llegaron mis 5 minutos de fama porque todos los calendarios de lecheymiel hoy pasan a tener mi foto…

Aunque parezca un poco contradictorio, hoy que se celebra la práctica de la lactancia materna yo voy a escribir sobre el momento en que dejé de amamantar, hoy quiero hablar del destete.

En mi vida de mamá he destetado 2 veces, pero fueron tan parecidas y tan diferentes como lo son sus protagonistas: Andres Ignacio y Eugenia.

Fueron diferentes para ellos pero sobre todo fueron diferentes para mí. Porque déjenme decirles que el destete para los niños, incluso cuando los has amamantado 2 años y crees que no podrán vivir sin su tetica, es un proceso más, otra adaptación de las muchas que viven a diario en su desarrollo, en su paso de bebés a niños. Su vida está llena de ellas, de cambios, de etapas superadas y dejar de tomar tetica de día o de noche es una más.

Pero el destete es una transición que nos involucra como ninguna otra. Porque la contraparte de esa lactancia materna somos nosotras, las mamás que también tenemos ese tiempo acudiendo puntuales y sin falta al ritual de dar de comer a nuestros hijos a través de nuestro seno, que lo disfrutamos, que a veces nos abstraemos del mundo mientras nos perdemos en la mirada de nuestros bebés y sentimos sus caricias en nuestro pecho.

Las 2 veces que desteté a mis Pirulingos fueron diferentes para mí, porque cuando dejé de amamantar a Andres Ignacio, sabía que en un mes comenzaría a amamantar a Eugenia que estaba por nacer. Se combinaba el fin de mi lactancia pero sabía que pronto comenzaría una nueva y eso hizo que todo fuese diferente.

Pero cuando dejé de amamantar a Eugenia no había bebé en mi barriga, allí sí se cerraba el ciclo, uno que había durado casi ininterrumpido 3 años y medio.

Y cuando algo forma parte de tu vida por tanto tiempo y lo disfrutas tanto como yo lo disfruté, cuesta dejarlo ir… Aunque a veces se sintiera liberador, en el fondo tenía que aceptar muchas cosas implícitas en el destete.

Hay algo superpoderoso en formar con tu cuerpo el alimento para tus hijos. Así me sentía yo mientras amamantaba: superpoderosa. Con una seguridad especial por ser yo quien le daba todo su alimento (los primeros 6 meses) o parte de su alimentación (pero seguro la de mejor calidad) hasta los 2 años. Me sentía (más) importante, me sentía imprescindible… Dejar de amamantar significa dar paso a otra etapa en la vida de tu bebé y aunque sigo siendo importante ya no depende de mi de la misma manera.

Luego está el vínculo que crea la lactancia, esa intimidad que rodea el acto de sacar tu pecho y dar de comer a tu bebé, mientras los cuerpos estan en contacto y tu hij@ te mira a los ojos y lo ves entrar en ese estado de deleite que se lo proporciona tu presencia, tu abrazo. Yo sé que mi relación sigue siendo íntima y especial con mis hijos pero hay una magia alrededor de ese momento de amamantar que me cuesta dejar ir.

Y finalmente está el recuerdo de mis bebés recién nacidos en mis brazos, la levedad de sus pequeños cuerpos buscando instintivamente mi pecho con una mueca entre boca abierta e hiperextensión de cuello que todavía cierro los ojos y puedo ver desde mi memoria. Dejar de amamantar significa que ya no tengo un bebé, que ya mis dos niños son grandes… y el problema es que para mi no existe divinidad mayor que la de un bebé, y tener a mis Pirulingos así fue una época particularmente especial y este destete es la última señal de que terminó…

Probablemente en mi vida venga algún otro Pirulingo a llenar esas ansias. Mientras tanto este momento también lo veo como uno en el que me puedo vestir como quiera sin preocuparme por la “accesibilidad”, en la que mis hijos ganan más independencia y la disfruto mucho porque puedo retomar actividades, pero a veces me llena de nostalgia de una época linda, preciosa que viví y llegó a su fin.

El destete es uno más de esos procesos en los que la maternidad se potencia. Es uno que muchas veces nos afecta más a nosotras que a nuestros hijos. Es un desprendimiento, un cierre, un final para un nuevo comienzo. Lo más lindo es que nos queda por siempre la satisfacción de haberle regalado a nuestros hijos el mejor alimento del mundo.

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Fotos: Marco Mancera

Publicado el 1 de agosto, Día Mundia de la Lactancia Materna

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