Monthly Archives: Marzo 2013

Talentos que se heredan

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Yo tengo una regla de oro, que llegó a ser de oro precisamente porque nunca falla:

Si estoy en un lugar y no sé hacia qué dirección debo dirigirme (caminando o manejando), reviso los puntos de referencia disponibles y lo que mi instinto me dice y…

Voy hacia el lado opuesto!

Es que mi instinto siempre falla… y es tan consistente que es pefecto porque ya sé que con NO seguirlo voy en la dirección correcta.

Es que la abstracción espacial no es lo mío. Es que hay quienes piensan que tengo buena memoria pero nunca para recordar direcciones o vías de acceso.

Y aunque vivir en Nueva York ha sido un bálsamo para mi autoestima de desubicada irremediable, porque, al menos en Manhattan, me muevo con total soltura que hasta parece que tuviese una brújula en mi cabeza… en realidad ni siquiera es así y si tengo que ir a Soho donde ya las calles y avenidas no son perfectamente cuadriculadas; me toca de nuevo apelar a mi regla de darle la espalda a mi instinto para salir airosa y llegar sin mayor retraso a mi destino.

Recuerdo que cuando llegamos a vivir aquí y yo veía en las esquinas de las salidas en las estaciones del Metro cómo señalizaban los puntos cardinales que identificaban a cada una (noreste, suroeste, etc); era TAN abtsracto para mí que me parecía imposible entender cómo esas palabras le podían hablar a alguien en términos de saber por qué esquina salir dependiendo de hacia dónde se dirigía… Recuerdo que más de un año después de vivir aquí, un día me sentí orgullosa de mí misma al utilizar aquellas siglas y así evitarme algun cruce de calle optimizando mi camino. Recuerdo que llegué a pensar que me podía haber reformado, pero también recuerdo que la próxima vez que salí de un territorio tan predecible, volví a errar cada vez que intentaba descifrar hacia dónde ir.

Siempre le eché la culpa a Andres.

No sólo porque me parecía perfecto que alguien más, y no yo, tuviese la culpa de mi desorientación o despistaje crónico, sino porque él es TAN ubicado que me permitía no ocuparme de esos temas confiada que siempre llegaríamos a donde debíamos por la vía más expedita sin importar que fuese la primera vez que visitáramos algun lugar… Y estoy hablando incluso de aquellos tiempos remotos en los que los celulares con GPS no existían y tocaba revisar un mapa o buscar elementos naturales como puntos de referencia.  

Tener a Andres significaba poder enfocarme en otras cosas como ver el paisaje o prestarle atención a la letra de la canción que sonara en la radio. Pero también significaba generalmente estar en problemas cuando me tocaba ubicarme por mí misma.

A veces pensaba que se trataba de algo que se aprende y yo no lo aprendí bien… Otras, consideraba que era un talento que no tenía, pero no intentaba indagar sobre su ausencia…

Hasta que nació Andres Ignacio.

Mi chiquitín me hizo ver que los genes trasnmiten cosas que yo jamás hubiese pensado. Pude entender que hay intereses con los que se nace y se manifiestan claramente desde muy temprana edad.

Porque sólo hace falta ver a Andres Ignacio y sus ojitos iluminados cada vez que tiene un mapa en sus manos y cómo lo observa detenidamente, cómo lo detalla al derecho y al revés y busca elementos que le permitan pasearse en él con confianza. Basta con escuchar cómo desdobla el mapa que trajo una enciclopedia de animales que le regaló Abu y lo extiende en el piso y llama a Eugenia para enseñarle dónde se encuentra cada uno de sus animales favoritos.

No importa si es el mapa del zoológico y busca la manera de guiarnos hacia los leones, o el mapa del mundo que tiene en su cuarto en el que ubica a Venezuela, NYC, Miami, Africa, Australia… 

Sólo hace falta verlo para saber que heredó ese talento de su papá y ahora es un interés que comparten y podrán disfrutar juntos.

Yo por mi parte me siento afortunada de ahora también tener a Andres Ignacio para guiarme en el camino y así poder seguir disfrutando el paisaje o la linda letra de una canción en la radio.

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Publicado el 18 de marzo de 2013

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Lanzarse por montañas cubiertas de nieve

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Este año comenzó acontecido y lleno de días de vacaciones que hemos disfrutado enormemente…

Mi hermano por varios años ha organizado un viaje a esquiar con familia y amigos. Nunca antes habíamos podido unirnos: o yo estaba embarazada o teníamos un bebé muy pequeño. Pero este año cuando nos llegó la invitación nos dimos cuenta que ya Eugenia podía disfrutar de la guardería, hacer amigos y jugar con la nieve y Andres Ignacio podía tomar sus primeras clases de ski!

Wow! qué rápido llegamos a un punto en el que no tenemos niños TAN chiquitos… en este contexto preciso me contenta pero confieso que en general siento que pasó muy rápido y muchas veces extraño un chiquitico en la casa…

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Nos fuimos 5 días a disfrutar la nieve, a esquiar, a caminar por pueblitos que parecen pintados y sacados de un cuento, a ver montañas cubiertas de ese polvo blanco que embellece y vuelve mágicos los paisajes.

Los Pirulingos estaban encantados, salían de la casa pidiendo guantes para poder tocar, pisar, y revolcarse en la nieve y sonreír con los cachetes rojos quemados de tanto resplandor!

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Andres Ignacio comenzó la escuelita de esquiar y se metió en el bolsillo a las maestras que cuando lo íbamos a buscar nos decían que los había entretenido bailando el “move it, move it” mientras le tocaba su turno de lanzarse por las pequeña colina en el magic carpet… Yo mientras tanto no podía de la ternura de ver a mi chiquitin vestido con toda su indumentaria de gran esquiador… y la sonrisa enorme que tan linda se le ve…

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Y para completar esquiar con Andres y con mis hermanos fue simplemente perfecto… Las conversaciones en los ski lift, la emoción al llegar al pie de la montaña con ganas de subir de nuevo… los paisajes que ameritaban que uno se parara, respirara hondo y tratara de llenarse la vista con toda esa belleza natural y que se quedara fijada en las pupilas… 

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Todo para terminar contando y repitiendo cada una de las aventuras, bajadas y caídas con alguna cervecita o copa de vino antes de llegar a la casa y hacer una parrilla igualmente rodeados de nieve esperando que ningún oso de los alrededores sintiera el olor de la comida… 

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Publicado el 12 de marzo de 2013

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Después de 7 años…

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Después de 7 años sigo sonriendo de felicidad cada mañana que me despierto a tu lado. 

Después de 7 años el mejor momento del día sigue siendo cuando regresas del trabajo y estamos los 4 juntos.

Después de 7 años me sigo emocionando por salir contigo y sigo disfrutando infinitamente nuestras conversaciones y la forma en la que siempre me haces reír.

Después de 7 años sigo cayendo en tus bromas como si no las conociera, me siguen tomando por sorpresa.

Después de 7 años mi paz esta en tu regazo cuando me recuesto de tu pecho y escucho tu corazón.

Después de 7 años me encuentro cada día en una casita en la que quepo “perfectica” abrazada a ti con mi nariz en tu cuello.

Después de 7 años sigo admirándote y sintiéndome orgullosa de tí.

Después de 7 años soy feliz de que este amor nos halla regalado dos Pirulingos hermosos que sin duda son la mejor evidencia de lo buenos que somos trabajando en equipo.

Después de 7 años te sigo extrañando cuando no estas pero ahora tengo 2 pedacitos de ti que me acompañan siempre.

Después de 7 años sigues siendo mi mejor amigo.

Después de 7 años sigo inmensamente enamorada de ti.

Después de 7 años sólo me hace falta estar contigo y nuestros chiquitines para suspirar de felicidad.

Después de 7 años la vida contigo sigue siendo una aventura que quiero continuar descubriendo a tu lado.

Los 7 años que han pasado me han hecho infinitamente feliz, por eso después de estos 7 años sigo queriendo compartir la vida entera contigo!

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Publicado el 11 de marzo de 2013

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