Mi cabeza no para de analizar, reflexionar, pensar y soñar con la crianza de mis hijos… es la razón de este blog y es mi trabajo actual y por eso le dedico tiempo y esfuerzo!

Desde que nació Eugenia vivo maravillada dentro del experimento científico en el que se desenvuelve mi vida, viendo crecer y desarrollarse 2 personitas bajo un entorno potencialmente similar y resultando a veces tan distintas.

Y mi cabeza entonces se queda pegada en este tema… el de tener dos hijos, el de sus diferencias, el de ser equitativa y el de cómo el corazón tiene tanto amor para ambos sin ninguna diferencia!

Y en mis reflexiones no hago más que comparar! y comparar puede parecer algo horrible si lo vemos como una intención de forzar igualdad cuando cada uno de ellos son individuos independientes, pero comparar se ha convertido en una herramienta maravillosa para mantener muchas cosas en perspectiva.

Me explico.

El primer hijo es novedad, el primer hijo goza de algo que sólo el primer hijo tiene: EXCLUSIVIDAD, es decir TODO nuestro tiempo y TODA nuestra dedicación… Aunque el amor al segundo hijo logre, sin duda, ser igual que el que sentimos por el primero, no es posible dedicarle todo ya a ninguno cuando llega un segundo… 

Pero compartir nuestro tiempo no es malo. El segundo hijo por su parte tambien tendrá algo que el primero no tuvo y que es infinitamente valioso: un herman@! y un hermano forja mucho de la personalidad y del carácter y enseña a compartir y a convivir! 

Entonces con el primer hijo uno esta loco por hacer y hacer, estimular, jugar, enseñar y no hay límites y nuestra imaginación vuela y nuestro tiempo con él está lleno de experimentos y de primeras veces. 

Y esa personita se va desarrollando y va logrando cosas y nos hace sentir orgullosas con sólo aprender a sentarse después de haberle hecho muchos ejercicios, o con comenzar a gatear luego de ponernos nosotros a su lado en la misma posición y modelar los movimientos, o cuando dice su primera palabra después de nosotros haberla repetido por meses.

Pasa el tiempo y llega el segundo hijo, no importa el tiempo que se lleve con el primero, ahora nuestro tiempo esta dividido… y estoy segura hacemos el mejor esfuerzo por dividirlo de la mejor manera, porque la division sea siempre balanceada… de eso no hay duda.

Pero…

Puede sucedernos que con el segundo no experimentemos tanto, no estimulemos de la misma manera y no veamos esa falta de límites en los que esa personita puede lograr hacer… No sólo por el tiempo que debemos dedicar al mayor, sino porque el segundo hijo siempre puede parecer pequeño por simple efecto comparativo con su herman@. 

Quiero decir que el primero se puede robar el protagonismo porque su desarrollo sigue y esté aprendiendo a hablar, o comenzando a leer, o corriendo sin parar… 

Y quiero decir que podemos caer en la trampa de sentir que eso sigue siendo novedad y  el desarrollo del menor ya lo vivimos con el primero, sentir que no es novedad enseñar a gatear, que no es novedad repetir incesantemente un nombre hasta que lo repita, o ya pasamos por la emoción de ver nuestro primer hijo aprender a imitar los animales!

Y el amor puede ser el mismo, puede ser inmenso pero podemos sencillamente no darnos cuenta…

Qué hacer? 

Al menos les voy a contar mi respuesta a esta interminable reflexión y lo que hago para no perderme…

Vivo comparando!

Es decir, trato de siempre recordar o revisar lo que escribí del desarrollo de Andres Ignacio al cumplir las edades que va alcanzando Eugenia. -Y entonces va el consejo de escribir esos momentos, de hacer el hábito y escribirlo así sea en una servilleta que luego podamos guardar, porque la memoria se pierde en las semanas y meses de los primeros años-.

Con la comparación NO pretendo que su desarrollo sea igual, no lo ha sido y no lo será y eso lo tengo claro y me encanta y me divierte encontrar cada diferencia y cada individualidad! Simplemente pretendo con mis comparaciones no perder de vista MI POTENCIAL de estimulación, lo que YO fui capaz de hacer cuando tenía que hacer solo eso, cuando no tenia que dividirme… Y sé que mi estímulo aunque intente ser igual se transformará en cosas distintas en ellos y eso no hace sino maravillarme, pero no quiero dejar de ser la mejor versión de mí misma como mamá de un bebé de X o Y edad… Incluso no quiero perderme la oportunidad de hasta ser mejor con Eugenia porque ya aprendí tantas cosas con Andres Ignacio…

Y esa es la ganancia de ser segunda hija: tener un hermano mayor que te ame y te agarre la mano en el coche cada vez que puede… y tener una mamá que entiende mejor muchas cosas porque ya las aprendió en su experiencia con ese hermano…

Publicado el 13 de junio de 2012