Una mañana difícil

Tener 2 bebés es difícil. Punto.

Yo lo sabía antes de querer tener 2 bebés (por la diferencia de edad). Pero saberlo no lo hace menos difícil.

Esta mañana era una mañana agitada. Tenía que dejar a Andres Ignacio en el colegio a las 9am, a las 9:30 cita de la dieta que estoy haciendo y a las 10am llevar a Eugenia al Pediatra a su chequeo de 9 meses.

Son las 10:30am ahora que me siento a escribir esto y ni Andres Ignacio esta en el colegio, ni fui a la cita de la dieta ni Eugenia fue al Pediatra…

Anoche fue el Súper Bowl, y uno de los equipos de NYC competía por la Copa, así que uniéndonos al espíritu de la ciudad, nos reunimos en casa de mi hermano Gusy y tuvimos una tremenda Super Bowl Party: comimos pizza, tomaron cerveza, vimos los comerciales más caros del año, aprendí algo de Fútbol Americano, conversamos mucho entre jugada y jugada…

Y Andres Ignacio la pasó buenísimo con sus Tíos, la comida, la TV… Pero gracias a una “inusual” siesta tardía y a la fiesta, se corrió un poco bastante su hora de dormir y cuando ya tocaba acostarse estaba en modalidad “activado”… A medianoche concilió el sueño…

Esta mañana al despertarse todo costó más: vestirlo, darle desayuno, prepararlo para salir de la casa, ponerle la chaqueta y los guantes, todo con un llanto de fondo musical y entre sollozos decía “no quiere ir”. Yo seguia con la logística de salida, chaqueta Eugenia, guantes Eugenia, Eugenia al coche, bufanda yo, chaqueta yo. Pañalera -listo- , llaves -listo-, monedero – listo-, bulto Andres Ignacio – listo-, salimos de la casa y al momento en que se cerró la puerta y estábamos en el pasillo para tomar el ascensor, el llanto y el “no quiere ir” se hizo más intenso, más agudo y más notorio… Pero íbamos justos de tiempo así que intenté calmarlo y seguí.

En eso Andres Ignacio comenzó a hacer gestos de querer hacer pipí y dijo que tenía ganas (apenas lo pude entender porque seguía hablando entre llanto). Pero en este momento en esta familia “tener ganas” es palabra santa, a pesar que acababa de “hacer”, nos devolvimos y Andres Ignacio se sentó en el potty aunque no hizo. Esperé un rato porque pensé que podían ser ganas de pupú y había que esperar, pero enseguida tuve la clara sensación que no había ganas, sino que mi pichurrito de 2 años ya sabe que con pedir ir al potty lograría que nos devolviéramos… Y les confieso que la manipulación precoz de Andres Ignacio me dio un tanto de rabia en mi mañana de locos.

Ya eran las 9:10, comenzaba a pensar que no llegaría a la cita de la dieta pero retomé el camino de salida a ver si se podía… Andres Ignacio retomó el llanto y no paró en todo el camino al colegio (que no es largo pero se hizo eterno!). Yo iba nerviosa, angustiada, cansada y estresada pero sobre todo extrañada de ver a Andres Ignacio tan malcriado! En ese momento lo que quería era parar un momento y tratar de tranquilizarlo, pero el frio a -3C no nos colaboró para poder hacer esa parada.

Y llegamos al colegio y mi estress y angustia se convirtieron en preocupación de ver a mi chiquitín seguir llorando y como aterrado de que lo dejara allí… En ese momento confieso que me quedé parada en el pasillo de entrada, con Eugenia en mis brazos, viendo a Andres Ignacio inmóvil en la puerta, sin saber si subirlo a su salón y tratar de calmarlo; si regañarlo para que dejara el drama; o si sentarme a su lado a llorar con él.

Mis pensamientos iban y venían debatiéndose entre 2 aguas: hasta qué punto debemos escuchar a nuestros hijos para ser respetuosos con lo que nos piden y hacer caso a lo que manifiesten… Y cuándo debemos imponernos entendiendo que es en pos de su crianza, cortar de raiz un comportamiento inadecuado para que no se repita…

No sé cual es la respuesta, pero en ese momento decidí seguir mi instinto de mamá, sentí que esta vez debía responder a sus peticiones y a su llanto.

Y en ese momento se armó un rompecabeza: uniendo la pieza de la acostada tarde, del cansancio del día anterior, la de mi niño que normalmente le gusta su colegio, que nunca lo había visto llorar así, la de mi estress en la mañana que se le pudo contagiar…

Y cuando eso pasó fue muy fácil explicarle a la maestra que no dejaría a Andres Ignacio, llamar y cancelar las citas de la dieta y del pediatra, caminar de nuevo a la casa y sentarme a escribir esto mientras mi chiquitín se quedó dormido en mi cama diciendo “mami, Ashio está muy cansado!”

Por eso hoy escribo por las decisiones sencillas que a veces resultan difíciles, por las mañanas agitadas, por una tarde que compense y por este blog que me permite desahogarme!

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Un comentario

  1. Fabiola

    ¡Que bonita historia! Eso me recuerda, que ahora que soy madre (primeriza) entiendo muchas cosas, que antes ni pensaba. Unas de ellas es eso que escribiste allí, calmarte, entender y tu instinto de madre al intentar comprender por lo que pasaba tu bebé. Mi bebito aún está pequeñito, quizás vendrán esos días atareados, en los que todos quisieramos llorar (jeje), pero lo importante está en eso, amar y comprender.

    ¡Saludos desde Venezuela! Miles de bendiciones para tu hermosa familia

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